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La estrategia del caracol

Hace muchos años, allá por finales de los 80 o principios de los 90, vi una película, creo colombiana cuyo título era La Estrategia del Caracol. Me pareció buenísima en su momento, y siempre he tenido ganas de volver a verla; la he buscado por los videoclubs y no aparece, debe estar descatalogada. Es posible que alguien de los que me lea, la conozca y me diga donde y cómo puedo conseguirla. Pero mientras eso ocurra la nombro para hacerle un pequeño homenaje desde estas páginas.

Fue la que me inspiró, la que puso palabras a una necesidad que siempre he tenido, y no sabía cómo llamarlo:  “hacerme caracol”. Amigas mías, si me leen, sonreirán acordándose de la consigna. Ellas sabían que cuando estaba en fase caracol no salía, no llamaba, desaparecía, salvo para casos de verdadera urgencia, de lo contrario yo me guarecía en mi cueva, me metía en mi caparazón protegiéndome de toda influencia externa.

A lo largo de mi vida lo he seguido haciendo y cada vez me resulta más imprescindible. Soy sociable por naturaleza, me vuelve loca estar con mi gente, y además  conocer personas divertidas, con sentido del humor, creativas, valientes. Me lo paso genial y disfruto muchísimo. El placer de quedar con un amigo-a, a charlar tranquilamente, a contarnos cómo nos va la vida, a compartir nuestros últimos descubrimientos y avances; el placer de una reunión, de una tertulia intercambiando opiniones en un lugar cómodo y agradable, me parece que nunca lo abandonaré; y no quiero dejar de mentar, lo que se entiende por una buena juerga. Eso que llegas a casa partiéndote de risa y al día siguiente sigues riéndote de las bobadas que has hecho, dicho y compartido, incluso a veces, ni te acuerdas y te viene una culpabilidad…de narices, que la intentas acallar llamando a los de la juerga y tímidamente pregustas, me pasé ayer con alguien? Estuve borde?. La respuesta llega como una ducha templada y relajante, no pasó nada de lo que me pueda arrepentir. Perfecto, así dispuesta para la próxima. Si a esto añadimos música y baile, vaya, lo máximo. Si, acepto con toda la tranquilidad del mundo mi vena “bohemia” y suelo estar bastante dispuesta a armar una.

Pero volviendo al caracol, también mi estrategia de molusco ha sido apartarme del “mundanal ruido” encerrarme en mi concha, quedarme en casa y ordenar, limpiar, tirar. Otras veces, tumbarme y no hacer absolutamente nada, nada más que descansar. Hacerme caracol podía ser perfectamente salir a la calle, pasear sin rumbo fijo, meterme por calles, mirar tiendas, o no, dependía del día; meterme en el coche e irme de excursión a cualquier lugar que no conociera. Subirme en mi vespa y tomar caminos distintos, meterme por calles que nunca había pasado. No esperaba nada en concreto, ni idea de lo que buscaba, simplemente era una necesidad, como otra cualquiera de estar sola conmigo misma. Eso sí, siempre intentaba encontrar un lugar agradable donde poder sentarme, tomar algo, sacar mi libreta, mi pluma Mont Blanc (soy fetichista nata) y ponerme a escribir.

Un requisito indispensable era no ir a lugares conocidos, tenía que haber el factor sorpresa, el dónde acabaré, qué encontraré, era fundamental. Así he conocido sitios tremendos, que según llegaba, me entraban las ganas de salir por patas. Pero también lugares maravillosos, que me quedaba absorta, sorprendida y con ganas de gritar dando gracias por semejante descubrimiento,  que luego me ha encantado compartir. Mostrarlos, con el temor e inseguridad, de que igual no les iban a parecer tan geniales como a mí, pero siempre han sido muy apreciados. Igual que mis rinconcitos, como les llamaba, he descubierto música, librerías, restaurantes, barcitos, tiendas, personas que no he vuelto a ver pero que me regalaron su tiempo y un rato inolvidable.

Esta necesidad, por llamarle de alguna manera, me ha acompañado siempre. He cambiado de ciudad, de país, de continente. Y no sé cómo me las arreglaba o arreglo para encontrar mi momento caracol. Repito, me puedo quedar encerrada en casa, en la habitación del hotel, o puedo salir al exterior, pero eso sí, sola. Perderme en el silencio,  entre la multitud, fundirme con la gente, y si no hay, simplemente con el paisaje y dejarme llevar.

Es curioso pero me he dado cuenta que a lo largo de mi vida, esta necesidad se ha acrecentado y cuanto más diferente, más desconocido a mí sea el lugar, la gente, las costumbres, más me gusta. Para esto no hace falta salir muy lejos, muy cerca de mí, he visto y conocido cosas totalmente ajenas y distintas; al mismo tiempo, muy lejos de mis orígenes, ha sido, precisamente, donde mayor empatía he sentido y mayor identificación en proporción he tenido.  Es la magia de la vida, donde menos te imaginas, conectas de una manera increíble. Se crea un momento mágico donde ocurren miles de cosas maravillosas, que te aclaran, que te centran, que te impulsan a seguir viviendo, que reafirman que vale la pena estar en este mundo.

Para terminar, quiero añadir que estoy muy agradecida al caracol y a su forma de estar en este mundo. Me ha enseñado a guarecerme ante una ligera agresión, a esconderme bajo una capa protectora; pero también me ha enseñado a ir con mi casa a cuestas, muy ligera de equipaje, dispuesta al viaje y a la aventura siempre que se presente la oportunidad. Me ha enseñado a aislarme del mundanal ruido y a concederme el tiempo de soledad necesario para enriquecerme, para nutrirme, para conocerme, para gestar proyectos, para crear mi vida y así cuando estoy con mi gente poder dar lo mejor de mí, poder compartir mi experiencia, mis descubrimientos y la magia de la vida, que es lo mejor que hay en este mundo.

 Gracias caracol por tu ejemplo.

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6 comentarios sobre “La estrategia del caracol

  1. Qué identificada me siento con “la técnica caracol”… y qué buen ejemplo para seguir aplicándola! añadiría que si no nos resguardásemos de vez en cuando como caracol, no podríamos disfrutar de esa energía para socializar con nuestra gente, compartir vivencias y/o reflexiones e incluso celebrarlo de vez en cuando con unos buenos bailes.
    Me gustaría saber Lou Aster si hay algún “ejercicio” para aplicar y convertirlo en técnica y no solo en un mero acto.Que resguardarse no solo consista en aislarse, sino en reflexionar, crecer o simplemente saber estar en silencio.
    Un abrazo

    1. Claro que existen técnicas para lograr esta “estrategia”. En todas las tradiciones o culturas milenarias se aconsejaba momentos de retiro espiritual, de estar solo con uno mismo alejado de los trabajos y rutinas cotidianos, para conectar con el Ser Supremo, con nuestro Maestro Interior, con la Voz del Corazón o, como se quiera llamar.
      Mi técnica es muy sencilla y muy fácil de aplicar. Respirar varias veces, lentamente, tomando consciencia del aire que inspiramos y exhalamos, la fuente de toda vida. A través de la respiración, paramos nuestra mente racional, la dejamos descansar y conectamos con la Mente Savia, con el Silencio.

      Las primeras veces, como todo lo que se empieza de nuevo, nos cuesta. Salen todos los miedos y resistencias a ponérnoslo un poco difícil. Pero no hacemos mucho caso, los observamos, los aceptamos como una parte del proceso y con amor les dejamos ir. Seguimos respirando, contactando, despacio, siendo conscientes de nuestra respiración. Iremos observando como nuestro cuerpo se va relajando. También quiero decir, que al parar, sale todo aquello que teníamos oculto por las prisas de cada día. Podemos sentir algún dolor, nos viene más de una emoción, y hacemos lo mismo que con las “distracciones”, respiramos profundamente y continuamos.

      Para los que empiezan, recomiendo al principio dedicar no más de 10 minutos. Adelanto que suelen ser interminables, pero no hay que desistir, vale mucho, pero mucho la pena continuar. Al día siguiente, o ese mismo día por la tarde, si se hizo por la mañana, otra vez.

      Nos iremos familiarizando con el estado de quietud y los efectos, si no son inmediatos, no importa, el Silencio habla cuando uno menos lo espera. Aparecen ideas, soluciones o certezas que van confirmando que vale la pena “hacerse caracol”.

      En el post, comentaba la estrategia durante días, es decir, durante un tiempo más largo que 10 minutos ó 20 diarios. Esto es debido al “entrenamiento”, a los muchos años de práctica diaria. Se llega a poder realizar cualquier actividad en absoluto Silencio interior. Ayuda también a recobrar mucha energía bloqueada que nos impedía avanzar.

      Si a esto añadimos recibir o dar Técnica Metamórfica, catalizar o ser catalizados, la “Estrategia del Caracol” se convierte en la mejor medicina y remedio contra los miedos, sufrimiento, angustias, inseguridades, y vamos conectando con nuestra energía Vital, con la ilusión de vivir, con nuestra misión en este mundo y con el Amor Universal. Alcanzamos la serenidad y paz que permite vivir nuestra vida en plenitud.

      Espero haber contestado a tu pregunta. Muy agradecida por tu interés y me gustará mucho seguir en contacto.

  2. Hola Caracol,
    me he acordado al leer tu texto del libro ” La poetica del espacio” de Gaston Bachelard, y en el capitulo dedicado a la Concha hay una frase que me gusta ” El ser que se esconde, el ser que se “centra en su concha” prepara ” una salida”.
    ” Los caracoles construyen su casita que siempre llevan consigo” . Así el caracol está siempre en su casa vieje por donde viaje”.

    ” La divisa del molusco seria entonces: hay que vivir para edificar la casa y no edificar la casa para vivir en ella”.
    A que te suena ? a quien conoces que vive siempre construyendo su casa ?

  3. Hola Lou,

    Pues efectivamente esa es una película colombiana. Para mi la mejor de nuestra historia. Dirigida por Sergio Cabrera.

    No sé si en la peli recuerdas que había un personaje español, que es quien plantea la estrategia del caracol basado en su experiencia como soldado republicano. Ese papel lo interpreta Fausto Cabrera, compatriota tuyo y padre del director, quién en la vida real se tuvo que exiliar de España por el franquismo.

    Disfrútala.

    1. Muchas gracias Francisco por tu información. Tuve el placer de volver a verla, me parece muy interesante y la recomiendo ya que sigue siendo muy actual y da pie para reflexionar. Una gran película.

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