Miedos, Desafíos, Retos

Feliz 2019

 

solsticio-de-verano-lou-asterOs deseo un muy, muy pero que muy Feliz Año Nuevo.

Año lleno de retos, de aventura, de calidez, de besos, de caricias, de playa, de mar.

Año de montañas, sumergirse en los ríos. Calentarse al sol y baños de luna.

Año de conectar con estrellas, con ballenas, con el delfín.

Año de colibrí y volar con la mariposa.

Año de muchos ladridos, ronroneos y bienvenidas.

 

 

 

Conectar, Conexión, Intento, Ser·Sanación·Técnica metamórfica

La Inocencia

2015-07-09 10.43.44Me encanta la buganbilla, bugambilia o como la queráis llamar. Me traslada a lugares templados por el mar, donde no hay heladas y, por supuesto, a lugares cálidos, con mucho sol y luz.

Me gusta hacer la meditación de la mañana en la Naturaleza, al aire libre, paseando. Pero hoy el cielo estaba encapotado a tope, nubes grises oscuras amenazaban lluvia y no invitaban a salir.  No habiendo obligación o responsabilidad para salir, en otra ocasión me hubiera quedado quieta en casa y vivir el clima como algo horrible. Sin embargo, hoy ha sido diferente, he visto esta realidad desde otro punto y la he aprovechado para enfrentarme a mis “fantasmas”, el frío, la lluvia, la humedad, el viento que te moja y no hay paraguas que te cubra. Aceptarla sin calificativos, incómoda/cómoda; buena/mala, simplemente: llueve, y esto  ha sido lo que me ha motivado, el no juzgar me ha llevado a no limitarme a la costumbre, a las creencias y nostalgias.

Es más, me he acordado que cuando era niña, me daba igual. Lo que quería era salir, jugar y corría a ponerme las “katiuskas”, las botas de agua para saltar en los charcos. Si tenía frío, corría para entrar en calor o saltaba, pero aprovechaba todos los momentos libres para jugar.

He comenzado el paseo, el campo estaba exuberante, curiosamente, los animales pastaban tranquilamente, caballos, ovejas e incluso las gallinas han salido como si nada, les da igual el tiempo que haga. Seguía andando cuando me ha llamado la atención un grupo de ganado pastando en un prado. No sé cómo he visto que me estaban mirando, ha sido genial, iba caminando, levanto la mirada y veo a las vacas y dos o tres toros que me miraban. Bueno, me he parado a mirarles yo también. El instante de coincidir mirada, ese mirarnos a los ojos, vaca y yo, ha sido mágico, y ¿qué ha sido cuando he visto a una mama vaca besando a su ternerita y la bebe dejándose y buscando a la vez las caricias, pasando de todo?. ¡Qué preciosidad! Qué imagen más maravillosa y divertida al mismo tiempo, porque no olvidéis que el resto seguían mirando hacia mi.

Camino, como ya he comentado otras veces, repitiendo el Uno, uno, todos somos Uno, aprovecho a hacer meditación con los ojos abiertos, y también con los ojos cerrados, con mi atención en la respiración. La sorpresa de  esta visión me ha hecho reír, disfrutar, sentir un gozo increíble  porque, qué fácil me ha resultado ser Una con mama vaca, con bebe ternera y también con el resto de observadores en el prado. Ser Uno con el árbol, con el bosque, con las nubes, con los pájaros…sí, ese instante fugaz donde a veces me fundo es glorioso, pero es que hoy, el regalo que me ha dado el paseo con la vaca y la ternerita  me ha hecho reír de dicha ¡que preciosidad!

Las gotas de lluvia deslizándose por la cara, mezcladas con lágrimas me han enseñado, tranquilizado y animado a seguir.

De vuelta, trabajando, cansada del ordenador, vuelvo a levantar la vista y al mirar por la ventana veo que el sol ha salido, veo como su luz penetra por el cristal, por la puerta, como ilumina absolutamente todo y me dejo envolver por la sensación que tanto me gusta, por la calidez, por sus caricias.

Os animo a que en el lugar que os encontréis, haciendo lo que hagáis, os concedáis unos instantes de silencio, observar el entorno sin juzgar, deteneos, simplemente a sentir, pero por favor, no juzguéis, sólo observar,  y cambiar, modificar cualquier rutina que tengáis integrada, una queja por algo o alguien, algo que os moleste, incomode, y ver cómo os sentís. Regalaos la posibilidad de transformar vuestra realidad desde la aceptación, desde la confianza e inocencia, sabiendo que todo es perfecto e ir entrando poco a poco en el mundo de la aventura, de descubrir qué regalo, qué aprendizaje se esconde más allá de nuestras rutinas, costumbres, creencias.

Aquí, ahora, no hay bugambilias, el sol se deja ver cuando quiere, no siempre. Agradezco de corazón que ya antes de la hora de comer he tenido momentos que van más allá de la simple explicación racional, que trascienden las palabras y rompen barreras de percepción.

Escritura Creativa·Miedos, Desafíos, Retos·Silencio, Conexión, Transformación

“Prisa, Mata”

Tengo miedo, si, tengo miedo a escribir, no vaya a ser que no salga algo bueno.

Desconfío de mi, desconfío de mis resultados.

No tengo absolutamente nada que decir.

Me quedo mirando el paisaje, es francamente precioso.

Hay espacios donde la hierva crece salvaje y otros donde está cortada y me gusta.

El cielo comienza a cubrirse de nubes, amenaza lluvia.

Se oyen los pájaros celebrando su día, comunicándose o vete a saber para qué cantan, pero su canto me gusta.

De los perales empiezan a salir peras diminutas, todo sigue su ritmo.

Un perro toma el sol. El otro da vueltas detrás de los insectos. Acompañan mi soledad.

Los caracoles pasean por la tarima, un mirlo busca en la hierva comida.

Al fondo, el sonido de la lavadora funcionando.

Pasa un avión, hace mucho ruido y traslada mi imaginación a una guerra. Bombardeos. Gracias por no estar en esa situación.

Me levanto, tomo el oligoelemento.

Ha venido la gata, se lame tumbada junto a mi. Más compañía, afecto sutil.

Vaya¡ acaba de pasar una moto. Uf, menos mal, ya no se la oye.

Acaba la lavadora, cuelgo la ropa con el sol sobre mis hombros, lo agradezco y sonrío.

Miro a mi alrededor, no hay nadie, ningún sonido humano.

Que maravilla, aprecio el canto de los grillos, es Mayo,  ya están de nuevo en el jardín.

El mirlo insiste en buscar comida.

Las nubes desaparecen, vuelve a calentar el sol.

Escucho la brisa, me dejo llevar.

Me traslado al Marruecos de hace ya más de 20 años.  El canto de los grillos me ha llevado a una experiencia que tuve allí y que me sigue acompañando.

Iba por la carretera en coche mirando por la ventana. El paisaje era todo igual, no se apreciaba, salvo una tierra grisacea, arenosa, nada más. Aburrido, monótono si no hubiera sido por la novedad. La velocidad era lenta, el terreno carecía de asfalto, pero más rápida que si hubiera ido caminando.

No recuerdo cual fue la causa que hizo que parara y me bajara del coche, ah si¡ que comenzaba a anochecer y la vista amenazaba con ser espectacular. Me siento al borde de la carretera, paro mi ritmo, descanso y sin esperarlo, del horizonte van apareciendo colores, rojo intenso, azul, amarillo; entorno los ojos, casas de adobe, un gallo,  unas mujeres y niños hablando, riendo, gritando. Absorta, se puede decir que olvidé el motivo por el que paré, me divertí experimentando lo que ese paisaje me iba regalando, lo que mi mirada tranquila, sin prisa iban descubriendo. De golpe, moví la cabeza enfocando mi vista a la puesta de sol y sólo recuerdo la paz que me invadió, la certeza de que no necesitaba nada más en ese momento, que todo está bien.

Me costó, como si dijéramos, volver en sí, es decir, levantarme y volver al coche. La sensación de que me iba a explotar el corazón de agradecimiento, aún la recuerdo. Mi alegría, riendo de lo que acababa de aprender, de que tan solo se trataba de parar, calmar mi prisa por llegar,  y de lo bien que estaba.

Está la hierva plagada de margaritas, de flores pequeñas amarillas, pasa un coche y no hace demasiado ruido, casi ni le oigo.

Ahora es ya el momento de levantarme, de coger el metro e ir a trabajar sin olvidar entornar los ojos, sumirme en el entorno, en silencio y disfrutar de lo que me enseña esta vez.